Los verdaderos aficionados a la cerveza tienen en Alemania una especie de paraíso. A nadie le es desconocido que los germanos son unos ávidos bebedores de este rico manjar, así como uno de los mejores productores de cerveza de todo el mundo. Seguramente todo esto esté relacionado, y juntándose convierten a Alemania en la meca mundial de la cerveza, especialmente durante una semana de principios de Octubre…
Para darle la bienvenida al décimo ves del año, en la ciudad de Munich se celebra el Oktoberfest, una impresionante fiesta dedicada a la cerveza principalmente, pero que sirve realmente como escaparate de la tradición y el folclore alemán al resto del mundo. Año tras año, Munich acoge a millones de turistas que vienen a festejar con los muniquéses su fiesta más importante. Se calcula que el Oktoberfest atrae cada año a unos 6 millones de visitantes, convirtiéndose así en una de las celebraciones tradicionales y folclóricas más grandes del mundo.
Y cuando hablamos de tradicionales lo hacemos con todo merecimiento, puesto que el Oktoberfest cumple ya más de 200 años. Su primera edición se realizó en 1810, y aunque no era la enorme fiesta que es ahora, sí que sentó las bases de la celebración: mucha cerveza, productos alemanes y bailes típicos de la zona, además de juegos, que han ido cambiando a lo largo del tiempo, aunque algunos se siguen manteniendo doscientos años después.
El Oktoberfest suele tener una duración de 16 días, y comienza el sábado siguiente al 15 de Septiembre, concluyendo normalmente el primer domingo de Octubre. Una fiesta tan grande requiere un espacio inmenso para celebrarse, y en Munich lo hay, y además relativamente cerca del centro de la ciudad. Se llama Theresienwiess, en horno a la princesa Teresa de Sajonia, esposa del príncipe Luis I de Baviera. El matrimonio entre estos dos nobles fue la “excusa” perfecta para comenzar a celebrar el Oktoberfest allá por 1810. Al principio, el festival se organizaba en torno a las carreras de caballos, pero conforme su éxito iba siendo mayor, la cerveza adquiría más protagonismo, hasta convertirse hoy día en el reclamo más importante del festival.
El éxito del Oktoberfest fue casi inmediato, y fue creciendo año tras año en el siglo XIX. En 1910 se celebró el centenario del festival, relativamente joven si lo comparamos con otras fiestas de Alemania, pero que ya comenzaba a despuntar internacionalmente, atrayendo a muchos turistas con el reclamo de la cerveza y la comida alemana. La organización iba mejorando año tras año, y ya en aquellas primeras ediciones del siglo XX, las carpas principales podían albergar a más de 10.000 personas.
Durante los periodos de guerra, entre 1914-1918 y también 1939-1945, el Oktoberfest dejó de celebrarse, para retomarse tiempo después con la misma fuerza que a principios de siglo. El empuje definitivo a que el festival se abriese al mundo entero llegó con los vuelos low-cost, que han permitido que lleguen aún más visitantes extranjeros a disfrutar de la fiesta.
Entre los momentos más espectaculares que tienen lugar a largo de las más de dos semanas de festival destacan la llegada de los Wienswirte, los cerveceros, que traen una representación simbólica de sus barriles de cerveza tirados por unos carros en una cabalgata espectacular, presidida por el propio alcalde de Munich. Esa cabalgata es el comienzo oficial del festival, pero tras la llegada de los cerveceros tiene lugar otro momento muy esperado, la apertura del barril por parte del alcalde en la carpa Schottenhammel, la más tradicional y popular del recinto.
A las doce en punto, como es tradición, el alcalde de turno abre el barril con un martillo, para inaugurar oficialmente el festival. Justo entonces se lanzan doce salvas con unos cañones colocados junto a la estatua de Baviera, y es la señal de que se puede empezar a servir cerveza a los asistentes. El día de la inauguración es uno de los que más personas atrae, por estos eventos especiales y vistosos. Al día siguiente, domingo, se realiza el desfile de trajes tradicionales, con más de 8.000 personas paseando por un recorrido de siete kilómetros desde el centro de la ciudad hasta Theresienweiss. El desfile es todo un espectáculo de música y diversión.
Pero como decimos, el principal reclamo del Oktoberfest es sin duda la cerveza. Las mejores cervecerías de Alemania, desde Paulaner a Augustiner o Spaten, se dan cita en el festival para servir las tradicionales jarras de litro con cerveza que en muchas ocasiones en un poco más fuerte de lo habitual. Estas marcas están acostumbradas a hacer cervezas especiales para la ocasión, normalmente más intensas y con más alcohol. Las cervezas se sirven desde las 10 de la mañana a las 22.30 de la noche todos los días, y media hora después cierran la gran mayoría de las carpas. En este sentido, los alemanes son mucho menos trasnochadores que los españoles.
Además de las más de quince carpas donde podremos degustar la cerveza (siempre acompañada de platos típicos alemanes, como las célebres salchichas o el chucrut), el Oktoberfest alberga mucha más diversión, por ejemplo, en los juegos y atracciones mecánicas colocados a lo largo de todo el prado, que harán las delicias de los pequeños y también de los no tan pequeños. Y como no, también podremos disfrutar de conciertos en vivo, tanto de música tradicional bávara como de grupos más modernos, que pondrán el hilo musical perfecto a este festival tan enorme.
Otro de los encantos con los que cuenta el Oktoberfest son las pequeñas tiendecitas y puestos de comida y bebida tradicional, desperdigados entre las carpas. Allí podremos comprar las cervezas que tanto nos han gustado en las carpas para llevarnos un recuerdo perfecto del festival, o comida típica de la gastronomía alemana, para disfrutarla fuera del recinto. Incluso en algunas de estas tiendas encontraremos también souvenirs y recuerdos como gorras, camisetas, tazas y un montón de objetos decorativos que harán que el viaje sea inolvidable.
Los precios en el Oktoberfest pueden parecernos altos a los extranjeros, pero teniendo en cuenta el nivel de vida y el poder adquisitivo de los alemanes, podríamos decir que son sus “precios populares”. El litro de cerveza sale a unos 7-8 euros. Las otras bebidas, incluida el agua, a unos 6 euros el litro. Y en cuanto a la comida, aquí la cosa variará mucho dependiendo de en qué sitio decidamos comer, pero normalmente nos puede salir entre 10 y 40 euros. Ser sirven desayunos, comidas y cenas, o sea que podemos pasarnos todo el día allí si nos apetece y no tendremos siquiera que salir del recinto para comer.
Este es el Oktoberfest, uno de los festivales más grandes del mundo, la gran fiesta de la cerveza, no en vano, el 30% de la consumición anual de cerveza de Munich se hace aquí en apenas dos semanas. Si eres de esos que se pirra por el dorado elixir, no puedes perderte este gran festival, y de paso, visitar Munich, la capital de Baviera y una de las ciudades más hermosas de Centroeuropa.
Página oficial del Oktoberfest (en ingles y alemán)
Información interesante sobre cómo llegar al Oktoberfest
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