Friburgo de Brisgovia, conocida comúnmente como Friburgo, es la ciudad más meridional de Alemania, al estar ubicada a pocos kilómetros de la frontera con Francia, en el Suroeste del país germano. Friburgo es la cuarta ciudad más grande en población del sector Baden-Wurttemberg, con una población de 220.000 habitantes, y destaca especialmente por su clima soleado, algo que no se estila demasiado en Alemania. Es por eso, y por muchas otras razones, que Friburgo se ha convertido en un imán para los turistas, que viajan hasta allí en busca de los famosos Bachle, canales que cruzan el centro de la ciudad, o como paso previo antes de visitar la Selva Negra, que se encuentra colindando la ciudad.
Friburgo destaca en Alemania por su clima soleado y hasta cálido, algo que llama la atención en un país acostumbrado al frío y al mal tiempo. Eso no quiere decir que en Friburgo no llueva, porque lo hace, y bastante además, sobre todo en verano. De hecho, la media de precipitaciones de Friburgo está por encima de la media alemana. A pesar de eso, Friburgo sigue siendo un destino de interior muy visitado tanto por alemanes como por extranjeros, en busca de un clima más benévolo y de disfrutar de los hermosos edificios y monumentos que la ciudad nos ofrece.
Lo primero que llama la atención y destaca en Friburgo son sus canales, conocidos como Bachles. Estos pequeños canales de agua que atraviesan la ciudad se han convertido en un símbolo para Friburgo, y atraen a muchos visitantes curiosos. Situados sobre todo en el centro histórico, los canales son pequeñas vías de agua, nada que ver con los grandes canales venecianos, por ejemplo. Seguramente, estos canales fueran instalados hace siglos para abastecer de agua a la población medieval, logrando que el agua del río Dreisam llegara a toda la ciudad.
La espectacular catedral gótica de Friburgo es otro de los mayores atractivos de la ciudad. Construida entre los siglos XII y XIII sobre una iglesia románica, ha sufrido diversas remodelaciones, y se terminó totalmente en el siglo XVI. Destaca sobre todo su imponente torre, en forma de pirámide octogonal, de 116 metros de altura. Uno puede estar horas deleitándose con los magníficos acabados de su fachada, o descubriendo las sorpresas que les depara cada rincón de su interior, en donde se conservan todavía vitrales y retablos originales de la Edad Media.
Alrededor de la catedral podremos encontrar los típicos mercados de comerciantes y campesinos, todos los días excepto los domingos, para adquirir productos tradicionales de la zona. Y por supuesto, conviene pararse a probar la gastronomía local en alguna de las clásicas tabernas de Friburgo, donde la hospitalidad de sus gentes nos hará aún más grata la visita. El ambiente en la ciudad es más despreocupado, más “sureño” que en el resto del país. Podría recordar a cualquier ciudad andaluza, salvando las distancias, por el carácter alegre y simpático de sus gentes.
Una vez que hayamos retomado fuerzas con la exquisita comida local, podemos proseguir nuestra andadura por el casco antiguo de Friburgo, visitando por ejemplo, el Viejo y el Nuevo Ayuntamiento de la ciudad, dos buenos ejemplos de edificios llamativos que suponen el antes y el después de Friburgo en cuanto a la industrialización y el crecimiento. Este crecimiento se sigue produciendo actualmente, ya que la ciudad cada vez va a más. Llama la atención que una gran parte de la población de Friburgo sea joven, de entre 15 y 30 años. Y esto se debe, ni más ni menos, a que la ciudad es uno de los principales centros universitarios de Alemania.
Seguramente el ambiente más despreocupado y el clima más benigno a animado a muchos estudiantes a hacer de Friburgo una ciudad universitaria por antonomasia, uno de los destinos favoritos de los Erasmus en Alemania, y una referencia para las demás ciudades universitarias alemanas. Pero Friburgo no es solo una referencia en ese aspecto, sino que también lo es por su constante defensa a ultranza de la ecología. No son pocos los que conocen a Friburgo como la capital ecológica de Alemania. Y no es extraño, teniendo en cuenta que la ciudad se encuentra en la “entrada” a la Selva Negra, el gran paraíso natural del país germano.
Los diferentes gobiernos han fomentado el uso de tecnologías y energías respetuosas con el medio ambiente, y eso ha convertido a Friburgo en la ciudad con más infraestructuras ecológicas de la Unión Europea. La instalación de diferentes Consejos y Entidades defensoras de las energías renovables en Friburgo no es una casualidad, y el hecho de que la ciudad cuenta con un circuito para bicicletas de más de 400 km de longitud demuestra que este medio tradicional impera en Friburgo, una ventaja más sobre los medios más contaminantes.
En los últimos tiempos, Friburgo también quiere destacar como la capital de la cultura en el Suroeste de Alemania. Festivales de cine, teatro o jazz tiene lugar en la ciudad desde hace años, y cada vez cuentan con más adeptos. La cultura en Friburgo se está haciendo cada vez más importante, y los visitantes que llegan a la ciudad atraídos por esta oferta cultural descubren en Friburgo una ciudad maravillosa con mucho que ofrecer. Buen clima, gente amable, buena gastronomía, energía limpía, mucha cultura y hermosos monumentos, ¿qué mas se puede pedir?