La leyenda de la carretera maldita de Bremen

Alemania es un país tremendamente sorprendente, lleno de historias alucinantes, y sitios dignos de visitar por muchos motivos. Algunos de estos sitios no son especialmente bonitos, más bien al contrario, están mal vistos por los propios alemanes, que los consideran bajo el influjo de ciertas fuerzas malignas. Todos hemos oído hablar de castillos o casas embrujadas, ¿verdad? Pero, ¿alguna vez habéis escuchado la leyenda de la carretera maldita de Bremen? Es otra de esas curiosas historias populares alemanas, seguramente solo una leyenda urbana, pero como toda leyenda, tiene su base real.

Para encontrarnos con esta carretera debemos irnos al norte del país, concretamente a la zona próxima al Mar del Norte. La supuesta carretera maldita une a las ciudades de Bremen y Bremenhaven desde principios de siglo. Fue en 1929 cuando se estrenó, tras las reiteradas peticiones de los habitantes de la zona por contar con una carretera en condiciones. Y lo cierto es que tuvieron suerte, porque la carretera que unió a estas dos ciudades era una de las más modernas de su tiempo en Alemania, una gran obra que propulsó el comercio en la zona, tal y como deseaban sus habitantes.

Pero a las pocas semanas, una serie inusitada de accidentes comenzaron a ocurrir en esta carretera, especialmente en un punto concreto, el kilómetro 239, que parece ser el foco de la supuesta “maldición”. En tan solo unos pocos meses, el número de accidentes lleno a cien, una cifra escalofriante, teniendo en cuenta que hablamos de 1929, época en la que no había tanto tráfico como ahora mismo. Las leyendas sobre la posible maldición de la carretera comenzaron a correr como la pólvora entre los habitantes de la zona, y todos pensaban que el punto fatídico, el kilómetro 239, era el foco causante de todo el mal.

Más de uno podrá pensar que es algo natural teniendo en cuenta la forma en la que se haría la carretera, que estuviese más asfaltada, o que en ese tramo la visibilidad o cualquier otro elemento propiciase esos accidentes. Sin embargo, la carretera estaba perfectamente asfaltada, y más para aquella época. El kilómetro 239 es un tramo totalmente recto, con perfecta visibilidad, y sin ningún “obstáculo” que pueda propiciar un número de accidentes tan sorprendente. Así que las causas naturales empezaron a perder fuelle, y muchos ya dieron por echo que la carretera estaba embrujada, o bajo el influjo de alguna fuerza maligna.

Los propios accidentados que sobrevivieron no sabían explicar la causa de sus accidentes. En más de una ocasión, al ser interrogados por la policía, los propios supervivientes aseguraban que una sensación muy extraña les había invadido al llegar a ese tramo de la carretera, y una fuerza misteriosa y paranormal se había apoderado del control de sus coches, sin que ellos pudieran hacer nada para impedirlos. La mayoría acababa saliéndose de la calzada y en muchas ocasiones los accidentes fueron mortales, sesgándose la vida de decenas de personas en este kilómetro 239 de la misteriosa carretera Bremen-Bremenhaven.

El culmen de este extraño suceso ocurrió el 7 de Septiembre de 1930, día en el que nada menos que 9 coches se salieron de la carretera en nueve accidentes diferentes, en el mismo punto, el misterioso kilómetro 239. Tras eso, los aldeanos desestimaron la posibilidad de que se tratase de una casualidad, y trataron de exorcizar aquel kilómetro, realizando un supuesto exorcismo para alejar al demonio o fuerza maligna que allí estaba actuando, desesperados ya por encontrar la forma de acabar con tantos accidentes. En Bremen se cuenta que a partir de ese mismo día, los transistores y radios del pueblo empezaron a emitir interferencias muy extrañas, pero esto posiblemente si que forme parte de la leyenda…

Por desgracia, y como era natural, el supuesto exorcismo no acabó con aquella serie de extraños accidentes, y la policía, presionada por el pueblo, tuvo que buscar ayuda en Carl Wehrs, un experto en sucesos paranormales de la zona. La teoría que expuso Wehrs en principio poco tenía que ver con demonios o espíritus malignos. El experto sugería que la zona, especialmente el kilómetro 239, estaba lleno de una fuerza magnética fuera de lo común, al pasar un río subterráneo justo por debajo de esa zona. Sería esta fuerza magnética desmesurada lo que mandaría a los coches fuera de la carretera, según Carl Wehrs.

El experto pudo comprobar su teoría llevando una barra de metal al lugar. Cuando llego al kilómetro 239, la barra salió literalmente volando de entre sus manos, dándole la razón. Ahora solo había que buscar una solución para bloquear esa fuerza magnética, y el propio Wehrs fue quien la sugirió. Se trataba de enterrar una caja de cobre con trozos de cobre formando una estrella en su interior, en el lugar de señalización donde comenzaba el kilómetro 239. Así se hizo, y durante una semana, la carretera estuvo a salvo de accidentes…

Pero tras unos días, la caja fue desenterrada, volviéndose a producir extraños accidentes al pasar por ese fatídico punto de la carretera. Los lugareños entendieron que la única forma de evitarlos era mantener la caja enterrada en ese punto, y así lo hicieron de nuevo, cesando de inmediato los extraños accidentes. Y desde ese momento, la caja sigue enterrada allí, en la piedra de señalización del kilómetro 239 de la carretera que une Bremen y Bremenhavn, sirviendo como amuleto protector a todos los vehículos que siguen pasando por allí…

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